Las Borlas que contaban Jerarquías

Las Borlas que contaban Jerarquías

En el año 330, el emperador bizantino Constantino decretó que todos los cristianos debían vestir de forma adecuada, y esa orden disparó la demanda de un adorno textil hasta entonces menor: la borla. Dos siglos después, Justiniano encargó contrabandear gusanos de seda desde China, y con eso la borla dejó de ser un simple nudo decorativo para volverse símbolo de poder en la corte occidental. La Iglesia Católica terminó de fijar esa lógica: el sombrero de un cardenal lleva exactamente quince borlas de cada lado, un arzobispo diez, un obispo solo seis. Durante más de mil años, la borla sirvió para una sola cosa: anunciar jerarquía antes de que alguien abriera la boca.

Con las mujeres, ese código se rompió por completo. En el siglo dieciocho, el "reticule", ya llevaba borlas colgantes, pero fue en los años veinte, con las flappers, cuando la borla encontró su función más ingeniosa y menos solemne de toda su historia: los llamados dance purses, según registra el Simone Handbag Museum, escondían lápiz labial y cigarrillos dentro del hueco de cada borla, disfrazando de adorno lo que en realidad era compartimento secreto. La Era Eduardina las siguió usando en el Dorothy Bag, heredero directo del "reticule" original, ahora con correa larga cruzada al cuerpo.

Producirlas nunca fue económico ni rápido. Desde el siglo dieciséis existía el Gremio de los Pasamaneros, que exigía siete años de aprendizaje solo para dominar el oficio, y una sola borla de seda o hilo de oro podía costar, en valor actual, miles de dólares. Ese costo no impidió que la borla terminara democratizándose: hacia el 1800, una nueva clase mercantil europea empezó a decorar con borlas sus cortinas, cojines y hasta las llaves de sus casas, como puede verse todavía hoy en piezas textiles victorianas conservadas de la época. Y sigue reapareciendo, temporada tras temporada: en 2026, la chaqueta multicolor con borlas de Dries Van Noten, de la colección Otoño/Invierno 2025, se convirtió en uno de los looks más comentados de El Diablo Viste a la Moda 2, vestida por Meryl Streep en la escena donde su personaje enfrenta a un directorio completo. Ni los cardenales ni las flappers la habrían reconocido del todo, pero seguía cumpliendo la misma función de siempre: decir algo sin decir nada.

En Moner, a nuestro packaging le ponemos una borla en la esquina, y varias clientas nos han enviado fotos usándolas para decorar sus propias carteras, un detalle que amamos: le da ese toque clásico que ninguna tendencia logra inventar desde cero.